En medio del desconcierto que ha generado el despertar de Chile, en esa casta política que ha profitado del poder y los privilegios desde hace tanto tiempo, parece develarse una descarnada realidad que no estaba ni en sus cálculos más pesimistas.

En efecto, los representantes de todos los partidos existentes, se habían acostumbrado a sortear crisis de muy diversa naturaleza, pero sabiendo que más temprano que tarde, recuperarían el control de la situación. Muchos de ellos son como aquel Lázaro, que cuando todos los creíamos muertos, vuelven a resucitar, una y otra vez, hasta ahora.

Si nos situamos en la lucha indígena en general y la del pueblo mapuche en especial, vemos que algunos no han aprendido nada de estas últimas semanas de conflicto. No solo no logran entender lo que está pasando, sino que buscan con notoria desesperación, subirse al carro de los cambios que está a punto de partir, dejándolos en el andén del olvido.

En ese sentido, lo primero que hay que decir con absoluta claridad, es que ha sido la gente, que se ha expresado mayoritariamente para exigir dignidad y no el Estado de Chile, el que ha dado el reconocimiento que hace muchos años esperaban los pueblos indígenas. Nos ha resultado emocionante que personas de todas las condiciones, aunque particularmente aquellos que han sido excluidos del desarrollo, son los que han alzado nuestras banderas y nos han dado el lugar que la historia oficial nos ha negado hasta hoy.

Por lo tanto, hay que agradecer a quienes, asumiendo que compartimos la experiencia trágica de la discriminación, la exclusión y el abuso, nos han reconocido como sus hermanos y nos han tendido una mano de sincera solidaridad. Por mi parte, agradezco este gesto, lo valoro y acepto el abrazo que se brinda con la generosidad que solo entrega el que ha vivido la pobreza más profunda.

Por lo mismo, no entiendo que algunos hermanos, justo ahora que el pueblo nos acoge, hablen de independencia absoluta para el pueblo mapuche. Esto se parece más a intentos personalistas por mantener la vigencia y los beneficios que ello les ha representado. De esta manera, junto con despreciar la invitación que los chilenos nos están haciendo, entregan nuevos argumentos para quienes siempre han pretendido criminalizar nuestra lucha y negar los derechos arrebatados violentamente.

Y al final, algunos de esos líderes, luego de elaborados y emotivos discursos, terminan siendo contratistas de las forestales Mininco y Arauco, o “pasando el sombrero” en Europa en organizaciones que de buena fe, quieren contribuir a mejorar la situación indígena. Todo parece indicar, que también ellos ganan con el conflicto, ya que si se resuelve, perderían la fuente que los ha mantenido.   

Diego Ancalao

Powered by themekiller.com anime4online.com animextoon.com apk4phone.com tengag.com moviekillers.com