El proceso constitucional abierto en Chile debería reparar la injusticia histórica frente al pueblo mapuche, que ha sido excluido, usurpado y demonizado durante siglos.

José Zepeda

Diego Ancalao Gavilán

Quema de vehículos, agresiones, patrullaje policial y militar, protestas, muerte. Estos son algunos de los ingredientes de la crisis de la Araucanía. Se ha llegado plantear la necesidad de declarar el estado de sitio en la Araucanía. La medida, por el momento, no cuenta con el respaldo político necesario. ¿Qué hay detrás de la violencia y los reclamos del pueblo Mapuche? El profesor, experto en liderazgo indígena y comentarista en los medios de comunicación chilenos, Diego Ancalao, cuenta aquí los pormenores de una historia no siempre bien contada.

José Zepeda: Señor Diego Ancalao dice su biografía que usted es un weychafe, es decir, un guerrero, pero un guerrero contrario a la violencia, un guerrero desarmado.

Diego Encalao: Así es. Lo que pasa es que, como dicen generalmente los adagios de los indios americanos, las naciones originales, el guerrero es aquel que tiene la función de mantener la paz, de cuidar a los débiles, asegurarse de que los niños crezcan. Ahora, en la cultura mapuche se trata de tener buena salud. Estar con alguien es estar en estado de guerrero, en constante vigilia para enfrentar las batallas que se tienen que dar en la vida, ya sean espirituales o personales. A eso se refiere, no habla necesariamente de algo bélico.

Hay gente en la Araucanía que incita al odio y a la violencia. La Asociación Acción de Defensa de la Araucanía, llamó “a armarse, a defender sin piedad a la Tierra, a defender a nuestras familias y nuestro trabajo. La revolución ya comenzó”. Se trata de una declaración inequívoca.

Ese grupo pertenece a todos los descendientes de los emigrantes europeos que llegaron en el momento que se le usurpa la tierra al pueblo mapuche. Es una agrupación que tiene un discurso ideológico que se instaló desde el año 1860 en adelante. Consiste en incitar al odio. Son discursos que, en muchos países, están penados por la ley. El odio impone el miedo por encima de las leyes, o sobre el Estado de derecho para mantener sus privilegios.

Hay que recordar que una vez que se usurpó la tierra, el discurso que se creó fue que los mapuches son violentos, criminales. Hay que dejarlos al margen de la ley y criminalizarlos para quitarles sus tierras.

Es algo que se viene haciendo hace cientos de años. Ese discurso decía lo siguiente: nosotros, que somos colonos europeos, tenemos más inteligencia. Tenemos más inteligencia que los indígenas. Ellos están más cercanos al mono y no son civilizados, son una especie de rapiña. Entonces, hay que eliminar a estos bárbaros. Ese mismo discurso, con variantes, se mantiene hoy. ¿Por qué? Los reclamos del pueblo mapuche para que se le devuelvan sus tierras, sus derechos, colisionan con los intereses económicos instalados en el territorio mapuche.

¿Cuáles son esos intereses económicos? Hay dos familias en Chile Angellini y Matte, que son dueños de más de tres millones de hectáreas de explotaciones forestales. El pueblo mapuche recibió quinientas treinta y seis mil hectáreas en reducciones. Dos familias chilenas tienen casi cuatro veces más tierra que todo el pueblo mapuche de la región del Biobío al sur.

¿Por qué militarizar? Para proteger las inversiones del empresariado agrícola y del latifundio.

JZ: Yo sé que usted está en contra de la violencia, como la mayor parte del pueblo mapuche. Pero una cosa es estar en contra de la violencia y otra cómo combatirla. ¿Qué hacer?

DA: El pueblo mapuche tiene sectores tan violentados en estos 140 años de usurpación que la única vía que ven es la violenta. Cuando los grupos a los que se le ha quitado el agua han marchado, han pedido que se les devuelva sus derechos, la respuesta del Estado fue la represión. Los criminalizaron. Cuando en Chile, en octubre del año pasado, hubo la explosión social, el Estado la criminalizó.

Los movimientos persisten porque no hay un canal de comunicación entre el problema social y el poder político en donde se resuelven los problemas. Ese canal lo ocupan los partidos políticos, que solo representan el interés económico.El pueblo chileno no tiene una vía de salida, no es escuchado. Al pueblo mapuche le ocurre lo mismo.

Los problemas territoriales, sociales, culturales a resolver para evitar la violencia requieren despejar el camino de comunicación entre el poder del Estado y el pueblo mapuche. Es factible como históricamente sucedió con el pueblo mapuche. La controversia, la guerra de Arauco con España, se solventó con el Tratado de Quillín (6 de enero de 1641) que se hizo gracias a mi antepasado Del Purén Indómito, el cacique y líder Toqui Pelantaro.

Después el Estado de Chile, en el año 1825, firmó el tratado de Trapihue (1 de enero). En ese Parlamento se sienta el pueblo mapuche en toda su diversidad y el Estado con todo su poder.

Después de estos 140 años de despojo es necesario que se vuelva a abrir esa vía de diálogo. Un nuevo Parlamento y se resuelva lo que se violó de los tratados junto a los problemas actuales. Un Parlamento adaptado a este nuevo siglo.

JZ: La Conquista primero, la Colonia después, y la República de Chile han tratado con violencia, con desprecio, con racismo y con discriminación a los mapuches y que existe una deuda histórica que hay que resolver.

Usted en un reciente artículo en el periódico digital El Mostrador, cita efectivamente estos tratados, el de Yumbel del 13 de diciembre de 1823 y el de Trapihue de 1825. Por supuesto que está bien recordarlos, porque sin memoria no hay futuro posible. Pero ¿no le parece que estos tratados son inviables y que lo que se necesita es precisamente un nuevo acuerdo acorde con la realidad del siglo XXI?

DA: Exactamente. Lo primero, reconocer de parte del Estado que se violaron los tratados. Lo segundo, cuando se violan este tipo de pactos se resuelven de dos maneras, se vuelve a su estado original la cosa, como se dice en Derecho, o se compensa con un nuevo pacto. Este nuevo tratado tiene que partir de esa base. O sea, hay que llegar a un acuerdo para reconocer una sociedad multicultural, plurinacional, multiétnica.
No es tan complejo porque el pueblo maorí lo resolvió con el tratado de Waitangi en Nueva Zelanda (6 de febrero de 1840). O sea, hay un precedente histórico importante.

Ahora se habla de derechos colectivos, por eso que son bien ridículas algunas posiciones que piden que el tema vaya a Naciones Unidas o al Papa. Imagínese a Naciones Unidas que cuando va a Haití lo hace con su propio ejército.

El derecho a la vida de un mapuche se perfecciona en su comunidad, en su territorio, con su machi, con su gente. No es el mismo derecho a la vida que tiene un mapuche en un edificio de departamentos

Lo relevante es que las Naciones Unidas establecen que los derechos indígenas son colectivos. Es decir, el derecho a la vida no es un derecho individual. El derecho a la vida de un mapuche se perfecciona en su comunidad, en su territorio, con su machi, con su gente. No es el mismo derecho a la vida que tiene un mapuche en un edificio de departamentos. Es el derecho a la vida en su territorio. Y esa es una realidad vital, porque los derechos de la persona están íntimamente ligados con la naturaleza.

El nuevo pacto tiene que entender esta relación entre el mapuche y la tierra. Es justamente ese punto el que puede salvar la especie humana porque considera el derecho humano vinculado, intrínsecamente unido, inseparable a los de la tierra.

JZ: En consecuencia, ¿es perfectamente factible armonizar la unidad indivisible del Estado chileno con la autonomía, con los derechos, con el reconocimiento del pueblo mapuche?

DA: En Chile hay sectores fundamentalistas de la política, de la cultura, del poder económico, que dicen que si se le reconoce estos derechos al pueblo mapuche, entonces se va a dividir el Estado. Al reconocernos como nación sería conceder un Estado aparte y -dicen- eso no lo podemos permitir. Hablo de sectores fundamentalistas en la política, a los que están en la extrema derecha, como también están en la oposición. Siento que Chile se maneja entre dos derechas.

En Chile, en realidad, no existe una derecha y una izquierda. En Chile existe una derecha pinochetista y una derecha económica que administraba la constitución de Pinochet, y que no la cambió hasta la fecha. La democracia en Chile está administrada por una partidocracia. Por lo tanto, el pueblo está afuera, está en la exclusión. Esto es lo que tiene hoy día a los sectores pobres de Chile, y al pueblo indígena, sin solución.

JZ: En el artículo que yo citaba de El Mostrador, escrito por usted, hay un párrafo que dice: la nueva constitución no va a resolver el problema mapuche. Lo que puede hacer la nueva Constitución es establecer las líneas generales para todos los chilenos, incluido el pueblo mapuche. Pero, alguien podría deducir de su artículo que usted está en contra de la nueva constitución.

DA: Yo escribí un artículo que se llama La desesperada necesidad de una nueva Constitución y la traición del proceso constituyente, o sea, clarísimo. Necesitamos una nueva Constitución. Pero necesitamos que no esté regulada por un acuerdo que ha sido poco claro, el acuerdo por la paz entre la derecha y la oposición que regula la manera de cómo se van a hacer las cosas.

Asegura que la mayor cantidad de personas electas en este proceso sean de la hegemonía política, de oposición y de gobierno. Los independientes, los indígenas son minorías dentro de ese proceso. Por lo tanto, los grandes grupos tienen la constitución resuelta. El resto está allí para justificar el proceso, para que después digan: participaron todos, ¿qué alegan?

La medida sirve para justificar que se acepta a las minorías. Pero esa aceptación no cambia en nada la estructura racista.

JZ: Un detalle más sobre este planteamiento. Parece muy lógico sentarse a una mesa de negociación, hacer un nuevo tratado acorde con el siglo XXI para el pueblo mapuche. Estado, pueblo mapuche, sociedad civil. ¿Hay alguna voluntad política para ello?

DA: Creo que no hay ninguna voluntad política. Pienso que lo que va a ocurrir es la creación de una comisión, como la han hecho todos los gobiernos después de la dictadura. Que todo cambie, para que nada cambie.

Este Estado tiene una función que consiste en administrar las inversiones en territorios usurpados al pueblo indígena de Chile

No hay voluntad política, porque los que administran el Estado (uno habla del Estado como una cosa etérea, pero tiene nombre), son las mismas familias que lo crearon. Este Estado tiene una función que consiste en administrar las inversiones en territorios usurpados al pueblo indígena de Chile. Entonces no van a llamar un nuevo parlamento porque los intereses económicos que financian a los políticos son muy superiores a los derechos humanos.

Nosotros, los pueblos originarios, no tenemos una correlación de poder para obligar a entregar lo que nos corresponde. Nuestro desafío consiste en construir junto con el pueblo de Chile una unión política y social que posibilite una correlación de fuerza para cambiar un poco la brújula del poder.

JZ: Pasemos al asunto de la pandemia. ¿Podría decirse de que en el caso de La Araucanía tiene características particulares?

DA: Yo veo que todo esto se ha utilizado. Por ejemplo, se declaró cuarentena total en un pueblo de cinco habitantes y en la cordillera de Nahuelbuta, en Arauco y en Purén.

Resulta que en el pueblo no es necesario eso, porque Contulmo tiene 5000 habitantes y alguien tiene Covid. Lo sabe todo el pueblo. No es como la región metropolitana que tiene 7 millones personas. Entonces, uno se pregunta por qué en las comunas con alto porcentaje mapuche declaran cuarentenas tan extremas. Es inevitable pensar en una intencionalidad de utilizar este tipo de artilugio jurídico para mantener militarizados los territorios en donde viven los hermanos y hermanas mapuche.

JZ: Permítanme volver una vez más al tema de la violencia en la Araucanía. Se queman vehículos, se agrede a personas, etcétera. Tengo la impresión de que, producto de la información que circula por los medios de comunicación chilenos, el pueblo mapuche en este caso ha perdido. Es decir, hay una mayoría de chilenos que condena lo que está pasando y que les gustaría, que de alguna manera se resolviera el tema.

DA: Siento que el pueblo mapuche de alguna manera ha ido perdiendo terreno en este último año, porque en “la marcha por la lucha mapuche” (12 de octubre del 2019) la gente del pueblo de Chile en gran cantidad portaba la bandera mapuche.

Se ha ideado una estrategia muy dura para satanizar al pueblo mapuche

Para el poder que administra el Estado y los territorios que explotan es peligroso que el pueblo de Chile se vea tan cercano a los mapuches, incluso como pueblo mestizo. Eso pone en peligro la estabilidad económica. Así, se ha ideado una estrategia muy dura para satanizar al pueblo mapuche.

Esto ha sido bien estudiado, pero no ha funcionado bien porque la fuerza pública, carabineros y policía de investigaciones han matado gente inocente, como una mapuche en Panguipulli, como un malabarista en Panguipulli. Esas acciones criminales han frenado esta campaña de satanizar al pueblo mapuche.

Ahora con toda la brutalidad que se lleva en la Araucanía, en donde se queman camiones, donde lo quieren mostrar como el Far West. La llaman la zona roja, lo único que se sabe concretamente es que gran parte de las cosas que ocurren son montajes.

Lo único concreto entonces es que los camiones quemados habían sido acción de los propios dueños para cobrar el seguro. Y sobre los encapuchados no se sabe quienes son porque justamente son encapuchados.

Naturalmente se intenta hacer ver de que los encapuchados son mapuche. Esto no es lo que yo veo. Lo que hay es una operación de inteligencia de alto nivel en la que participan efectivos policiales, se hace un montaje para satanizar al pueblo mapuche, porque si fuera por el número de delincuentes, por el número de delitos de alta violencia o por el número de asesinatos, de violaciones, los niveles más altos de Chile se encuentran en Región Metropolitana, en Valparaíso, Iquique, según el propio Instituto Nacional de Estadística.

En la Araucanía hay alrededor de seis mil delitos violentos al año. En la Región Metropolitana hay algo sobre los 125 mil. Si se quiere combatir el narcotráfico ¿qué tal si van en donde están los narcotraficantes terroristas que violan gente, que tienen leyes propia? No, van a un pueblo de cinco mil habitantes, en donde todos se conocen y todos saben quién es quién.

JZ: A guisa de resumen de lo que hemos conversado ¿cuál es su estado de ánimo?

DA: Tengo mucha esperanza. Estoy muy contento porque ha habido un aumento importante de la conciencia política de sectores de nuestro pueblo mapuche que se han expresado en distintas formas. Hoy tenemos candidatos a constituyente a indígenas que antes no querían saber nada del estado opresor y represor. Por otro lado, hay otros que antes hicieron encuentros para proclamar la independencia del pueblo mapuche y hoy son candidatos a gobernador.

Hay una evolución en términos de conciencia política de pueblo mapuche en la cual los discursos que tenían nuestros líderes, que no se habían adaptado a lo que necesitamos hoy, permite despejar el camino. También ha aumentado la conciencia de pueblo porque muchos indígenas han ido encontrando que no es menos mapuche el que está en la ciudad que el que está en el campo, que son una especie de exiliados porque les usurparon la tierra a nuestros abuelos.

Tenemos una mayor conciencia de lo que significa ser mapuche, lo que nos lleva a la necesidad de asumir una responsabilidad ante tu pueblo, de cara al futuro y frente a los adversarios.

Yo participo en un movimiento iniciado bajo el lema “el buen vivir” y todo nuestro movimiento ha decidido presentar un candidato o candidata independiente a la Presidencia de la República, con el objetivo fundamental de ponernos de igual a igual en el debate nacional con los que administran el estado.

Vamos a plantear nuestros temas de pueblo, nuestra visión del desarrollo de Chile de acuerdo a nuestras raíces. Queremos estar ahí donde se toman las decisiones. Se trata una cuestión decisiva, brutal, porque nunca, en los 140 años de usurpación, ha habido un candidato mapuche.

JZ: ¿Y es Diego Ancalao Gavilán precandidato?

DA: Si yo soy uno de los dos o tres que están ahí, entre los nominados, y si me toca hacerlo, lo aceptaré sin ningún miedo.

OpenDemocracy.net

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