Diego Ancalao G.

La crisis que atraviesan los partidos políticos se debe, en gran medida, a que la ciudadanía no cree en ellos. Por ende, tampoco existe confianza en las personas que dirigen estos partidos desde hace muchos años. La reciente elección municipal confirmó esta percepción, no sólo con el bajo porcentaje de votantes, sino con la elección de un alcalde en Valparaíso alejado del stablischment de la partidocracia. En este contexto, la baja cantidad de concejales y alcaldes electos por partidos nuevos, no los transforma en la solución al problema de credibilidad.

Pero, ¿esta crisis significa que los nuevos partidos están condenados a la irrelevancia política? ¿Significa su pronta desaparición del sistema político? Pienso que no. Ya que la crisis partidaria no es particular a los partidos nuevos, sino para todos los partidos y en especial a los partidos tradicionales. Así lo demuestran los datos de la última encuesta CEP. Aún más, el proceso de refichaje ha sido traumático para los partidos tradicionales. Quién iba a pensar que el SERVEL sería el precursor de la ciudadanización de los partidos.

Sin embargo, existen muchas preguntas: ¿cómo vamos a posicionar nuestras ideas en el accionar político del país?, ¿tenemos la fuerza y la convicción para levantar los partidos nuevos?, ¿alguna candidatura presidencial nos permitirá difundir lo que pensamos para el futuro de Chile?

Antes de responder, debemos reflexionar sobre algunos elementos del concierto político. En primer lugar, debemos asumir el fracaso de la Nueva Mayoría, que a este tiempo, como Acuerdo Político Programático, no ha dado el ancho. Es evidente la incapacidad de formar una base de entendimiento para ordenar acuerdos mínimos y proyectar la acción política futura. En efecto, la continuidad a partir de un Acuerdo Programático para un nuevo gobierno, se ve distante. Sólo un dato, la Nueva Mayoría tiene, en promedio, el 20% de adhesión ciudadana en todos los estudios de opinión.

En la elección del 2013, la Nueva Mayoría tenía una gran adhesión a sus ideas, por ende, el desafío consistía en implementar el programa que obtuvo un importante apoyo ciudadano. Sin embargo, el gobierno no ha sido efectivo en comunicar la implementación de esas ideas y ha fallado en la implementación de medidas correctamente. En consecuencia, se aprecia una baja adhesión de las reformas impulsadas por éste. Por ejemplo, la reforma tributaria y de educación, en las que existía un consenso ciudadano para llevar a cabo un aumento de los impuestos para los grandes contribuyentes y de mejorar la calidad de la educación, luego de su implementación, cuentan con un amplio rechazo en la opinión pública. El apoyo al gobierno es incondicional hasta el final, sin embargo, este apoyo no puede inhibirnos de hacer un juicio político de su funcionamiento.

Hay una nueva composición del sistema de partidos. Considerando que el sistema binominal tendía a la conformación de dos grandes bloques que ordenaban la competencia por un cupo parlamentario, con la eliminación de éste, el sistema de partidos está confluyendo a una fragmentación. Tanto hacia la izquierda como a la derecha, han surgido movimientos políticos nuevos. Según datos del Servel, hoy tenemos 33 partidos políticos, un multipartidismo que cada vez tiende más a la polarización, es decir, la distancia ideológica entre el eje derecha e izquierda.

Por razones lógicas, los partidos nuevos intentan marcar diferencias ideológicas y programáticas con los partidos “tradicionales”. De tal modo, se logra un posicionamiento que les permite mayor visibilidad e influencia. Así, por la izquierda, los planteamientos que han hecho los Autonomistas, entre otros, dejan a los partidos tradicionales de izquierda – entiéndase al Partido Socialista y al Partido por la Democracia – en posiciones más moderadas, incluso al Partido Comunista. A su vez, por la derecha, ha ocurrido algo similar con el surgimiento de Evópoli y Amplitud. Estos han adoptado abiertamente una estrategia de distanciamiento ideológico respecto de sus partidos referentes como Renovación Nacional y la UDI.

Este nuevo cuadro del sistema de partidos es relevante para definir las acciones futuras. En efecto, los sistemas proporcionales facilitan la creación de partidos políticos que debieran reflejar las diversas corrientes ideológicas presentes en la sociedad. El punto es qué partidos pueden tener la capacidad de formar gobierno, ya que el poder que pueden lograr pequeños partidos, incluso con un solo representante parlamentario, es mucho mayor a partidos con una mayor representación parlamentaria, en un contexto de alianza de gobierno.

Pero volvamos a la pregunta central: ¿qué hacemos con nuestros partidos en este escenario? Considerando que Chile cambió y su democracia debe ser más desarrollada, exige estándares más altos de participación para la ciudadanía, con resultados concretos. Este desafío depende de la capacidad de los gobiernos para responder a las necesidades de los ciudadanos y proporcionar bienes y servicios de manera oportuna. Los ciudadanos de hoy, más informados, exigen que la política y sus instituciones funcionen con estándares de mayor calidad.

Los partidos tradicionales han perdido una cantidad de votos importante durante los últimos 15 años. Una parte del electorado que históricamente los apoyaba hoy ya no lo hace. Prueba de ello es el problema de reinscripción del PPD y el PR por falta de militantes. Mientras, los partidos de izquierda han ido consolidando su posición. Esto permitiría suponer que las ideas de izquierda han ganado terreno.

Desde una lógica electoral, debemos asumir el desafío de convocar a esos electores que no se ven representados por los planteamientos de izquierda y que tampoco se ven representados por los partidos tradicionales, por ello, se han marginado de participar durante los últimos años en las elecciones.

Aquellos ciudadanos que creen que el Estado debe asegurar la libertad en un marco de justicia social, para lograr la igualdad, deben vernos como su oportunidad. Para ganar adhesión popular no podemos ofrecer lo mismo que otros. No debemos olvidar que nacimos a la vida política con la convicción de representar a los sectores cuya principal característica es la exclusión política. Ellos esperan cambios sociales que les permitan progresar, pero sin propuestas demagógicas que tanto daño causan a los más humildes que aún siguen esperando.

En este cuadro de fragmentación política, debemos trabajar por relevar la identidad. No es posible pensar el futuro bajo la lógica del poder por el poder. Tampoco es posible pensar el futuro aferrado a un gobierno o a uno que eventualmente podría llegar. Esa lógica significa “pan para hoy y hambre para mañana”. Por el contrario, tenemos que ser capaces de distinguirnos en el sistema político a partir de nuestra historia, de nuestras ideas, de nuestras propuestas para el futuro y promoviendo liderazgos que encarnen dichas ideas y convicciones políticas. Debemos asumir el espacio de representación que nos corresponde, y no es precisamente el de “vagón de cola”, nunca debemos tener vocación de minoría.

Debemos pensar y actuar con unidad para llegar a ser un partido más relevante y respetado, por la promoción de sus ideas y liderazgos, pero sobre la base de un proyecto común. Estamos de acuerdo en la necesidad del debate interno y que cada sector promueva sus mejores ideas, pero no para sí, sino para Chile, que cada compañero y compañera tenga el espacio para reflexionar acerca de lo que queremos para el país, pero aquello debe realizarse en un marco de respeto y unidad de propósito. Promovido el debate y sancionadas las propuestas, la acción política debe ser sólo una.

Para ser partido más allá del papel y no transformarse en una pyme, debemos reafirmar la identidad programática e ideológica, debemos avanzar a una estructura partidaria moderna. Es el tiempo de volver a trabajar en las comunidades de las que cada uno forma parte. Debemos ser capaces de hacer realidad los sueños de tantos chilenos que han creído en nosotros. Por todas estas razones, es la oportunidad para ofrecer a Chile una propuesta y un camino común hacia el desarrollo. Esto no significa un quiebre con nuestros compañeros de ruta. Muy por el contrario, significa hacer el trabajo político donde nos corresponde, representando a los electores que ven en nosotros una esperanza, un camino hacia el bienestar y el desarrollo, tal vez no hoy, pero inevitablemente mañana.

Solo así podemos construir un partido que devuelva la esperanza a nuestros militantes y a nuestro pueblo, debemos asumir seriamente la responsabilidad que nos corresponde para el mejor futuro de los que vienen. No hay tiempo para debates pequeños y mezquinos. Defraudar al país en momentos como estos es traición a la patria, como decía el Padre Hurtado, y para eso no vinimos a la política.

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