La realidad tal como es v/s la realidad según los medios: el caso Mapuche

La realidad tal como es v/s la realidad según los medios: el caso Mapuche

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El caso Luchsinger Mackay, no ha dejado a nadie indiferente. Un aspecto tiene que ver con la vulneración al derecho a la vida de este matrimonio, pero otro muy distinto es el trato comunicacional que le han dado, marcando el acento en que los supuestos victimarios -11 procesados- serían de origen Mapuche. ¿Y si fueran de origen Italiano, se habría dado la misma tónica de enjuiciamiento?

Basta con recordar que en el caso de Luciano Pitronello, no se aplicó la Ley Antiterrorista, y eso que protagonizó un atentado a una sucursal bancaria y le estalló el artefacto explosivo en las manos. Sin embargo, fue condenado a seis años de libertad vigilada. ¿Por qué los medios de comunicación no se ensañaron con él?, ¿será porque su apellido no es Mapuche sino italiano?, ¿o acaso en los medios se habló del joven, repitiendo una y otra vez, que es descendiente italiano?

En palabras de Thoreau “bajo un gobierno que encarcela a cualquiera injustamente… el sitio que ha provisto para los espíritus más libres y menos sumisos son sus prisiones (…) es allí donde encontrarían al indio que vino a denunciar las injusticias cometidas contra su raza”. El hombre tiene el derecho a negarse a obedecer al gobierno y resistirse a él cuando su tiranía sea enorme e insoportable.

La desigualdad continúa ultrajando al Mapuche, el cual sólo busca lograr la plena autonomía de su pueblo, pero según el epicentro del poder político esto es un delito y por ello, no les basta con encarcelar al Mapuche, sino que quieren crear, además, un sistema de control  de identidad y detención preventiva, algo que se transforma en un procedimiento especial para el Mapuche. Lo digo, porque no vemos las mismas acciones con los narcotraficantes que tienen autonomía total en algunos sectores de la Región Metropolitana y tampoco hemos visto solicitud de aplicación de la Ley Antiterrorista a los empresarios condenados por quemar sus propios camiones para cobrar seguros y culpando de estos atentados al pueblo Mapuche.

Hay pocas diferencias entre el antiguo imperio romano y el nuevo, que designaron como República. En efecto, son una institución esencialmente aristocrática, formada por una reunión de pequeños déspotas, dominando una multitud de esclavos, mantenidos en la más absoluta sujeción de masas, mediante sus palabras cliché de igualdad, libertad y justicia, esperanzas e ilusiones, jamás alcanzadas.

Víctor Hugo decía que “si se deja que el alma permanezca en tinieblas, el alma caerá en pecado. El culpable no será aquel que cometa el pecado, sino el que ha provocado las tinieblas”. Los que hacen la política en el seno de la sociedad chilena han provocado las tinieblas desde el genocidio de la mal llamada Pacificación de La Araucanía hasta las últimas huelgas de hambre, que son el síntoma, no el problema, de una enfermedad llamada discriminación.

Se trata, indiscutiblemente, de acciones reivindicativas que nacieron de los crímenes que cometió el Estado contra el Pueblo Nación Mapuche, donde asesinaron a más de 850 mil personas, lo cual es más grave aún. Entonces, cuando piden que el Mapuche actúe de acuerdo a la ley, deberían aclarar a qué ley se refieren, porque a la luz de los hechos históricos y contemporáneos, sin duda, el Mapuche actúa en legítima defensa. Esta se define como la defensa necesaria para impedir o repeler una agresión injusta.

Un pueblo al que, injustamente, se le quiere quitar la vida, tiene no sólo el derecho, sino el deber de defenderlo. No es necesario disfrazarlas con el romanticismo de las guerrillas como muchos nos quieren hacer aparecer. Es todo lo contrario: ha de ser abierta, clara y, especialmente, no violenta, sostenida inmutablemente en la fuerza de la razón y el poder de nuestras ideas.

Es, psicológicamente, un asesinato de la persona privarle de vivir libremente según las leyes ancestrales de su pueblo y mantenerlo encarcelado, según las leyes de otro pueblo. A algunos hermanos se les ha privado hasta de la vida por la fuerza pública, como a Alex Lemun y Matías Catrileo.

¿¡Y por qué emplazamos a los políticos del Poder Ejecutivo y del Congreso? Pues, porque sólo ellos, sin escuchar a sus financistas, pueden resolver el problema. Sin embargo, nuestros parlamentarios, especialmente los de La Araucanía, lo único que han hecho es guardar silencio y boicotear por debajo de la mesa, cualquier iniciativa positiva hacia nuestro pueblo.

La vieja lógica del Estado – integrarnos para superar los problemas, sin vincular que la integración sin ciudadanía es el origen de nuestro empobrecimiento y exclusión – ya fracasó. Por lo tanto, ¿por qué debe un ciudadano Mapuche someter su conciencia ante un político que no nos conoce? Nosotros no debemos jamás arrodillarnos ante la tiranía de esa minoría política despegada de la realidad. Me niego a darme por vencido y a guardar silencio frente a las víctimas de este país, a los que el Estado tilda de enemigos internos. Si no actuamos es seguro que nos perderemos en esa oscura noche de tinieblas creada por esos que tienen poder, pero carecen de principios y moral.

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