MANIFIESTO POR EL BUEN VIVIR

Un modelo integral y holístico de desarrollo, que invita a la acción política

1.- La idea del Buen Vivir. 

El “Buen Vivir” es un concepto cuyo origen se remonta a tiempos ancestrales y corresponde,  independientemente de cómo se le nombre, a la forma de vida que intenta preservar un número  significativo de pueblos originarios, dispersos por todo el mundo. Así, por ejemplo, el pueblo kichwa lo  define como “Sumak Kawsay”, el pueblo aymara como “Suma Qamaña, y el pueblo mapuche como  “Kume Mongen”.  

Entonces, esto que hoy llamamos Buen Vivir, es el resultado de miles de años de sabiduría aplicada,  concentrada en la experiencia práctica de pueblos que aprendieron un estilo de vida que busca la  armonía de la persona consigo misma (subjetividad), con los demás (convivencia) y con la naturaleza  (vínculo con la creación y el cosmos).  

2.- Desde la crisis global del modelo de desarrollo, a un Chile que se reinventa desde la solidaridad.

Nos hemos acostumbrado a concebir el desarrollo en un sentido dramáticamente restrictivo, como el  logro de los niveles materiales de vida de los países más industrializados, el tener acceso a una gama  creciente de cosas, bienes o servicios que una vez conquistados, deberían otorgar mágicamente la  felicidad que se pretende alcanzar. Sin embargo, esa aspiración es insostenible e indeseable pues,  además de la destrucción del planeta, no logra el objetivo de promover una vida plena y digna para  todos y todas. La cultura del consumo ilimitado, termina siendo inevitablemente una fuente de  insatisfacción e infelicidad. Por ello, los países “desarrollados” están también revisando y repensando sus  propios modelos de desarrollo, en el contexto de la crisis global actual. 

Esa ilusión desatada llegó a convencernos que la competencia salvaje era la clave del éxito. Y también  nos convenció que la acumulación de dinero, artefactos, poder y prestigio, nos transformaría en  verdaderas personas. ¿Acaso puede considerarse como exitosa una sociedad que, para mantener los  niveles de poder y consumo de una élite de privilegiados, condena a la mayoría de la población a la  exclusión y a la pobreza? Nos resistimos a pensar, como decía Thomas Hobbes, que el hombre sea un  lobo para el hombre. Al contrario, solo si cooperamos, hombres y mujeres, podremos construir  comunitariamente un futuro de esperanza y dignidad para todos, sin dejar que nadie se quede atrás.

Si a esto sumamos la pérdida de valor de la democracia, administrada por manos que la utilizaron en beneficio propio y la configuración de un universo político carente de fundamentos éticos  básicos, tenemos un escenario que nos conduce a un inevitable colapso global. 

Hoy nos enfrentamos a un sistema de dominación económica donde inciden de manera sustancial, la  mundialización de la economía, el auge del capital financiero con su enorme poder concentrador, y la  crisis del Estado de Bienestar. En lo social, nuestra realidad se caracteriza por la falta de integración y  comunicación entre movimientos sociales, la creciente exclusión social y política y el empobrecimiento  de la mayor parte de la población mundial. Y en lo ambiental, se ha producido una depredación  sistemática de un espacio natural del que somos parte, del que dependemos y que nos constituye a  todas y todos, donde se ha procurado la satisfacción inmediata, sin considerar a las próximas  generaciones. 

La crisis que describimos, se ve agudizada porque, en general, las instituciones políticas teóricamente  representativas, han claudicado a su deber se servir al pueblo y se han dejado cooptar por las élites del  poder financiero y por la falta de control que la ciudadanía tiene sobre las burocracias públicas. 

VEl fracaso del modelo de desarrollo extractivista-capitalista, que pone la utilidad por sobre la persona y la  naturaleza, se debe al menos, a tres razones. Primero, porque a pesar de poder impulsar el crecimiento  económico, no es generador de desarrollo en un sentido amplio e integral. Segundo, porque su  racionalidad económica es mecanicista y concentrada en la liberalización completa del mercado,  generando desigualdad. Tercero, porque el funcionamiento libre y desregulado del mercado, donde los  grupos de poder económico no se enfrentan a fuerzas capaces de limitar su comportamiento, terminan  estableciendo una actividad económica concentradora de la riqueza, lo que deriva en resultados  socialmente intolerables. 

Algunos que buscan descalificar la contundencia de los actuales escenarios, sostienen que, después de  todo, el naufragio que tanto se anuncia, parece no haberse producido. Argumentan que durante las  últimas tres décadas, la pobreza extrema disminuyó, los niveles de ingreso se han más que duplicado,  que ha habido una notable expansión del producto interno bruto y que se han multiplicado las  exportaciones. Pudiendo ser cierto, se trata de una riqueza privada, que no siempre contribuye al bien  común y que se ha generado a costa de destruir la naturaleza y pervertir al espíritu humano. Este  sistema, nos intenta hacer creer que superar la pobreza, tiene que ver más con incrementar la capacidad de consumo que con ofrecer oportunidades para una vida plena y digna, en armonía con el entorno natural y social. 

La otra cara descarnada de la realidad, es el agravamiento de la pobreza de la mayoría de la población.  Algo más de un tercio de las personas económicamente activas se debaten entre el desempleo y el  subempleo. La mayor parte de ellas, sufren de los grandes déficits sociales, especialmente de salud,  vivienda y pensiones insuficientes. 

Más que a opciones ideológicas estereotipadas, que han probado su fracaso, la alternativa aparece  cuando tomamos la decisión de asumir los elementos fundantes del Buen Vivir, aplicado a las  circunstancias actuales. El desafío va más allá del tipo de Estado que se nos ha impuesto y se extiende  hacia la capacidad de la propia sociedad civil para movilizarse y adecuar un orden político representativo  a los proyectos legítimos de una sociedad diversa. He aquí la relevancia de tomar muy en serio el actual  proceso constitucional que ha impulsado el pueblo cansado de tanta ineptitud, en el mejor de los casos,  y de corrupción alevosa, en otros. 

Chile tiene hoy la posibilidad de construir procesos de desconcentración económica, descentralización  política, fortalecimiento de instituciones auténticamente democráticas y autonomía creciente de los  movimientos sociales emergentes, que le devuelvan su ser y su capacidad de autodeterminación. Esto se puede asimilar a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que determinan el mínimo exigible  para que las sociedades puedan ser sostenibles, con condiciones de vida dignas para todos, velando por  la integración, luchando contra la marginalidad y reduciendo desigualdades. 

3.- Repensando el desarrollo.

Cualquier necesidad humana fundamental no satisfecha de manera adecuada, produce una patología o  un daño eventualmente crónico. Y esta enfermedad colectiva, debe encontrar el remedio correcto, que inevitablemente debe estructurarse desde abajo hacia arriba y no basta imponerlo por ley o por decreto.  La solución que anhelamos constituir, sólo puede emanar directamente de las acciones, aspiraciones y  conciencia creativa y crítica de los propios actores sociales, capaces de reconocerse como tales. Estos,  que tradicionalmente suelen ser objetos del desarrollo, deben pasar a asumir su rol protagónico de  sujetos. 

Cuando nos referimos al concepto de “desarrollo”, estamos hablando de un despliegue del Buen Vivir que debe ser necesariamente inclusivo, integrador, sostenible, garante de derechos (individuales,  colectivos y de la naturaleza), y que permita crear condiciones para una vida digna y plena para todas y  todos. No creemos en un desarrollo que genere desigualdad y se aplique a costa de la armonía social y  ambiental. 

Hemos de implementar procesos capaces de fomentar la participación de los sectores históricamente  segregados de la política, en las decisiones que les afectan. Además, deberá promoverse el pleno respeto  frente a la diversidad de identidades, la autonomía política de los pueblos originarios, la articulación de  los seres humanos con la naturaleza, una nueva definición de libertad y el reconocimiento de la  interdependencia y necesaria solidaridad entre los seres humanos. Y reiteramos esta idea: la economía  debe estar al servicio de las personas, y no al revés.

El concepto de Buen Vivir va en sincronía con el de progreso multidimensional, de acuerdo a la definición  del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este es un espacio de desarrollo con límites  normativos, en el que nada que disminuya los derechos de las personas y las comunidades, ni nada que  amenace la sostenibilidad ambiental del planeta, puede considerarse progreso. 

El desarrollo medido desde los conceptos econométricos clásicos ha quedado claramente obsoleto. Ya  en 1990, cuando la ONU introdujo el “Índice de Desarrollo Humano”, se hizo un primer reconocimiento  internacional de que el Producto Interno Bruto (PIB), no se relacionaba directamente con el bienestar de  las personas y las sociedades, por lo que no eran los más adecuados para medir el desarrollo social. 

Esto debe considerar el hecho que todas las personas cuenten con adecuadas políticas de servicios  sociales, cuidado de las personas dependientes, pensiones, sistemas universalizados de atención o  empoderamiento laboral. 

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4.- El Buen Vivir como principio y como modelo integral e integrador.

Esta otra “racio-emocionalidad” que propone el Buen Vivir, se orienta al mejoramiento de la calidad de  vida de la gente y se sustenta en el respeto a la diversidad y en la renuncia a convertir a las personas en  instrumentos de otras personas. El nuevo paradigma, consiste en comprender a las personas como somos seres senti-pensantes, en los que la cabeza (el pensar), el corazón (el sentir) y la mano (el hacer)  se complementan en coherencia.  

Frente a la crisis global que ha provocado la pérdida de sentido, el consumismo desenfrenado, el  calentamiento global, la caída de los grandes referentes utópicos y la gran crisis civilizatoria que enfrenta  la humanidad, el Buen Vivir se ha convertido en una alternativa a los modelos hegemónicos de desarrollo. Se trata de impulsar una nueva ética colectiva, inspirada en la cosmovisión indígena, en el reconocimiento de nuestra evidente plurinacionalidad y en una práctica política capaz de superar las visiones globales del poder concentrado. 

5.- Un llamado a construir el Buen Vivir de Chile, como ejemplo para el mundo. 

El Buen Vivir genera un hermanamiento en las reivindicaciones de los pueblos originarios y los mestizos  empobrecidos que han sido expulsados del actual modelo de desarrollo, que equivocadamente prioriza a pequeños grupos privilegiados. 

El kume mongen contiene también una innovación cultural, que se considera una visión incluyente de las  visiones indígenas que mencionamos. Esa amplitud del concepto, le permite ser lo suficientemente  flexible y abierto para seguir estableciendo su relación con el mestizo y la grandes mayorías excluidas. Muy lejos de una visión fundamentalista indigenista, es un punto de encuentro que nos abre a la  cooperación entre quienes se reconocen como hermanos. 

En definitiva, el Buen Vivir se constituye en una buena noticia para Chile y el mundo. Una mejor sociedad  pasa necesariamente por una refundación sustancial de la concepción de la realidad compartida, en la  cual cada individuo, territorio, comunidad y pueblo, tenga los mismos derechos para ejercer su vida en  plenitud. Frente a la exclusión, la discriminación, el olvido y la represión, el Buen Vivir es una oportunidad de recuperar el verdadero sentido de la vida.  

El Buen Vivir debemos instalarlo como el centro de la política pública, tanto en el juego democrático, como en el funcionamiento de un sistema económico que distribuya recursos conforme a los  requerimientos prioritarios de las personas, elementos que son requisitos indispensables para la  promoción de un estilo de desarrollo orientado a las necesidades humanas. El buen gobierno del futuro  próximo, estará ligado al Buen Vivir, que debe ser fruto de un esfuerzo comunitario. 

El Buen Vivir es una genuina propuesta de nuevo mundo, que ha de instalarse en este momento crucial  de la historia de Chile. 

Esta es una invitación abierta a quienes han asumido el liderazgo del cambio, al movimiento de mujeres (Ñuke Mapue, es la matria), a los trabajadores, a los jóvenes, a los estudiantes, al movimiento ecologista,  a quienes impulsan pensiones dignas y a todas y todos quienes se han propuesto cambiar un modelo  excluyente e insostenible, por uno que contenga la fuerza de una sociedad plural, diversa, integradora,  cohesionada y participativa. En el proceso constitucional que se iniciará, el Buen Vivir debe ser el común denominador de las aspiraciones que compartimos. 

Estamos aquí, para instaurar una nueva ética del desarrollo y anunciar que ha llegado el tiempo de la  esperanza. Pero esta esperanza será mucho más que un puro deseo, en la exacta medida que todas y todos  sumemos voluntades y seamos parte de la construcción del modelo chileno del Buen Vivir, al que les  invitamos con los brazos abiertos. 

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